La caligrafía es el arte de escribir manualmente con letra bella y artística, poniendo especial atención al modo, la dirección, etc.

Orígenes de la caligrafía

Una de las civilizaciones más antiguas de las que tenemos evidencia de escritura fue la de los sumerios, que habitaron la fértil región de Mesopotamia, entre los ríos Tigris y Éufrates, y que actualmente queda dentro de las fronteras de Iraq. La primera evidencia de un sistema de escritura sumeria es una tablilla de piedra caliza de la ciudad de Kish, que data del año 3.500 a. de C. y que contiene varios pictogramas, entre ellos una cabeza, un pie y una mano. Los pictogramas son símbolos pictóricos que representan directamente un objeto particular. Gradualmente, por asociación, el símbolo puede llegar a representar una imagen menos concreta. Un símbolo empleado de esta manera se denomina ideograma.

Los sumerios utilizaban principalmente arcilla blanda como superficie para escribir, usando un punzón de madera o caña.

El desarrollo de la civilización egipcia coincidió con el de la sumeria. Aproximadamente a partir del año 3000 a de C. los egipcios utilizaron una forma de escritura pictórica conocida como jeroglíficos, que significa “escritura sagrada tallada”. En el plazo de 200 años desarrollaron una escritura llamada hierática. Mil años después usaban también una escritura menos formal, conocida como demótica. La escritura hierática evolucionó como versión simplificada de los jeroglíficos, mientras que la demótica era una escritura cursiva y práctica.

La escritura egipcia, como la sumeria, evolucionó de los pictogramas a los ideogramas, y de éstos a los fonogramas. Hacia el año 1500 a. de C. habían establecido un alfabeto de 24 símbolos consonantes, aunque nunca prescindieron de los jeroglíficos e ideogramas; las diversas formas se escribían juntas, como para asegurar que el texto se extendiera de un modo u otro.

Una importante influencia en el desarrollo de las formas de la escritura egipcia fue el uso de pinceles de caña y tinta líquida para pintar los signos y pictogramas, en lugar de utilizar símbolos tallados. Además, escribían sobre papiro, una superficie fina y flexible, y no sobre piedra, madera o arcilla, aunque estos materiales eran alternativas más baratas y accesibles.

Egipto fue la primera civilización que contó con escribas oficiales y con un sistema de educación que exigía al copiar muestras de escritura y fragmentos literarios.

En tiempos de Ptolomeo I (325-285 a. de C.) el lenguaje oficial de la corte era el griego y Alejandría se convirtió en un centro cultural basado en métodos griegos. Se cree que el alfabeto egipcio de 24 letras influyó en el alfabeto de las tribus semitas de las tierras mediterráneas orientales. Posteriormente, estas tribus transmitieron su alfabeto a los griegos, que lo adaptaron gradualmente hasta formar la base del alfabeto empleado actualmente en el mundo occidental.

caligrafía

El trabajo de los copistas

En Europa y durante la Edad Media, los monjes copistas eran los encargados de mantener el legado escrito de la Antigüedad. La tarea de estos monjes era copiar los códices y manuscritos, convirtiéndose esta en su función principal.

Con este trabajo se pretendía tener copias duraderas para que se incluyeran en las bibliotecas de las abadías y conventos para así poder usarlas durante siglos. Los monasterios poseían una sala dedicada para esta labor de copia llamada scriptorium. A esta sala solo tenían acceso los monjes copistas, así como el abad y el bibliotecario.

Los monjes deberían dedicar varias horas a este trabajo de escritura. La caligrafía debía ser excelente, pero sin innovaciones, ya que todos tenían que seguir unas reglas de trabajo muy exigentes. Generalmente, la labor de editor, de selección de los libros que se debían copiar, correspondía al abad, que conocía los recursos disponibles y las necesidades más inmediatas. Para este trabajo contaba con el asesoramiento de los copistas. Había que ser muy cuidadoso con la selección de lo que se iba a copiar o traducir para evitar cualquier tipo de desviación y herejía.

A comienzos de la Edad Media, ya se había impuesto el formato de códice para los libros, y el pergamino era el soporte durante casi todo el periodo. Aunque el papel se conocía en Oriente, a Occidente solo llegó con la penetración de los árabes, que habían perfeccionado el proceso de elaboración. La tinta negra que utilizaban para la escritura se podía elaborar de dos maneras: a base de hollín, agua y goma arábiga, o a base de un compuesto de sulfato de hierro y agallas de roble. Las tintas de colores se usaban en rúbricas y decoraciones, y se obtenían de diversos minerales.

La caligrafía perdió su función principal como forma de copiar documentos a raíz del invento de la imprenta, pero en cambio, se ha convertido en algo mucho más artístico que hoy en día va ganando muchos más adeptos y llenado talleres.